ĀæDeberĆamos automatizar todos los trabajos, incluidos los que cumplen? ĀæDeberĆamos desarrollar mentes no humanas que eventualmente podrĆan superarnos en nĆŗmero, ser mĆ”s inteligentes… y reemplazarnos? ĀæDeberĆamos arriesgarnos a perder el control de nuestra civilización? Estas preguntas fueron formuladas el mes pasado en una carta abierta del Future of Life Institute, una ong. Pidió una ‘pausa’ de seis meses en la creación de las formas mĆ”s avanzadas de inteligencia artificial (IA), y fue firmado por luminarias tecnológicas, incluido Elon Musk. Es el ejemplo mĆ”s destacado hasta ahora de cómo el rĆ”pido progreso en IA ha provocado ansiedad sobre los peligros potenciales de la tecnologĆa.

En particular, los nuevos ‘modelos de lenguaje extenso’ (llms), del tipo que impulsa a Chatgpt, un chatbot creado por Openai, una startup, han sorprendido incluso a sus creadores con sus inesperados talentos a medida que se han ampliado. Tales habilidades ‘emergentes’ incluyen todo, desde resolver acertijos lógicos y escribir código de computadora hasta identificar pelĆculas a partir de resĆŗmenes de tramas escritos en emoji.
Estos modelos estĆ”n destinados a transformar la relación de los humanos con las computadoras, el conocimiento e incluso consigo mismos. Los defensores de la IA defienden su potencial para resolver grandes problemas mediante el desarrollo de nuevos medicamentos, el diseƱo de nuevos materiales para ayudar a combatir el cambio climĆ”tico o desentraƱar las complejidades de la energĆa de fusión. Para otros, el hecho de que las capacidades de ais ya estĆ©n superando la comprensión de sus creadores corre el riesgo de dar vida al escenario de desastre de ciencia ficción de la mĆ”quina que engaƱa a su inventor, a menudo con consecuencias fatales.
Esta mezcla burbujeante de emoción y miedo hace que sea difĆcil sopesar las oportunidades y los riesgos. Pero se pueden aprender lecciones de otras industrias y de cambios tecnológicos pasados. Entonces, ĀæquĆ© ha cambiado para que ai sea mucho mĆ”s capaz? ĀæQuĆ© tan asustado deberĆas estar? ĀæY quĆ© deben hacer los gobiernos?
En una sección especial de Ciencias, exploramos el funcionamiento de las pelĆculas y su dirección futura. La primera ola de sistemas modernos de inteligencia artificial, que surgió hace una dĆ©cada, se basó en datos de entrenamiento cuidadosamente etiquetados. Una vez expuestos a una cantidad suficiente de ejemplos etiquetados, podrĆan aprender a hacer cosas como reconocer imĆ”genes o transcribir el habla. Los sistemas actuales no requieren etiquetado previo y, como resultado, se pueden entrenar utilizando conjuntos de datos mucho mĆ”s grandes tomados de fuentes en lĆnea. Las pelĆculas pueden, en efecto, ser entrenadas en todo Internet, lo que explica sus capacidades, buenas y malas.

Esas capacidades se hicieron evidentes para un pĆŗblico mĆ”s amplio cuando se lanzó Chatgpt en noviembre. Un millón de personas lo habĆan usado en una semana; 100m en dos meses. Pronto se utilizó para generar ensayos escolares y discursos de boda. La popularidad de Chatgpt y la decisión de Microsoft de incorporarlo a Bing, su motor de bĆŗsqueda, llevaron a las empresas rivales a lanzar tambiĆ©n chatbots.
Algunos de estos produjeron resultados extraƱos. Bing Chat le sugirió a un periodista que deberĆa dejar a su esposa. Chatgpt ha sido acusado de difamación por un profesor de derecho. Las pelĆculas producen respuestas que tienen la pĆ”tina de la verdad, pero a menudo contienen errores fĆ”cticos o invenciones absolutas. Aun asĆ, Microsoft, Google y otras empresas de tecnologĆa han comenzado a incorporar pelĆculas en sus productos para ayudar a los usuarios a crear documentos y realizar otras tareas.
La reciente aceleración tanto en el poder como en la visibilidad de los sistemas de inteligencia artificial, y la creciente conciencia de sus habilidades y defectos, han generado temores de que la tecnologĆa avance ahora tan rĆ”pido que no se puede controlar de manera segura. De ahĆ el llamado a una pausa y la creciente preocupación de que la inteligencia artificial pueda amenazar no solo los trabajos, la precisión de los hechos y las reputaciones, sino tambiĆ©n la existencia de la humanidad misma.
¿Extinción? ¿Rebelión?
El temor de que las mĆ”quinas roben puestos de trabajo tiene siglos de antigüedad. Pero hasta ahora, la nueva tecnologĆa ha creado nuevos puestos de trabajo para reemplazar los que ha destruido. Las mĆ”quinas tienden a ser capaces de realizar algunas tareas, no otras, lo que aumenta la demanda de personas que puedan hacer los trabajos que las mĆ”quinas no pueden. ĀæPodrĆa esta vez ser diferente? No se puede descartar una dislocación repentina en los mercados laborales, incluso si hasta ahora no hay seƱales de que ocurra. La tecnologĆa anterior tendĆa a reemplazar las tareas no calificadas, pero las pelĆculas pueden realizar algunas tareas de cuello blanco, como resumir documentos y escribir código.
El grado de riesgo existencial que plantea la inteligencia artificial ha sido objeto de acalorados debates. Los expertos estĆ”n divididos. En una encuesta de investigadores de inteligencia artificial realizada en 2022, el 48 % pensó que habĆa al menos un 10 % de posibilidades de que el impacto de la inteligencia artificial fuera ‘extremadamente malo (por ejemplo, la extinción humana)’. Pero el 25% dijo que el riesgo era del 0%; el investigador mediano calculó el riesgo en un 5%. La pesadilla es que una IA avanzada cause daƱos a gran escala, creando venenos o virus, o persuadiendo a los humanos para que cometan actos terroristas. No es necesario que tenga malas intenciones: a los investigadores les preocupa que las futuras ais puedan tener objetivos que no se alineen con los de sus creadores humanos.
Tales escenarios no deben ser descartados. Pero todos implican una gran cantidad de conjeturas y un salto con respecto a la tecnologĆa actual. Y muchos imaginan que las IA del futuro tendrĆ”n acceso sin restricciones a la energĆa, el dinero y el poder de cómputo, que son restricciones reales en la actualidad, y podrĆan negĆ”rsele a una IA rebelde en el futuro. AdemĆ”s, los expertos tienden a exagerar los riesgos en su Ć”rea, en comparación con otros pronosticadores. (Y Musk, que estĆ” lanzando su propia startup de inteligencia artificial, tiene interĆ©s en que sus rivales derriben herramientas). Imponer una regulación estricta, o incluso una pausa, hoy parece una reacción exagerada. Una pausa tambiĆ©n serĆa inaplicable.
Se necesita regulación, pero por razones mĆ”s mundanas que salvar a la humanidad. Los sistemas de inteligencia artificial existentes plantean preocupaciones reales sobre prejuicios, privacidad y derechos de propiedad intelectual. A medida que avanza la tecnologĆa, podrĆan surgir otros problemas. La clave es equilibrar la promesa de ia con una evaluación de los riesgos y estar listo para adaptarse.
Hasta ahora, los gobiernos estĆ”n adoptando tres enfoques diferentes. En un extremo del espectro se encuentra Gran BretaƱa, que ha propuesto un enfoque de ātoque ligeroā sin nuevas normas ni organismos reguladores, pero aplica las normas existentes a los sistemas de inteligencia artificial. El objetivo es impulsar la inversión y convertir a Gran BretaƱa en una ‘superpotencia de inteligencia artificial’. Estados Unidos ha adoptado un enfoque similar, aunque la administración de Biden ahora estĆ” buscando opiniones pĆŗblicas sobre cómo serĆa un libro de reglas.
La UE estĆ” tomando una lĆnea mĆ”s dura. La ley propuesta clasifica los diferentes usos de la inteligencia artificial segĆŗn el grado de riesgo, y exige un seguimiento y una divulgación cada vez mĆ”s estrictos a medida que el grado de riesgo aumenta, por ejemplo, desde la recomendación musical hasta los vehĆculos autónomos. Algunos usos de la inteligencia artificial estĆ”n totalmente prohibidos, como la publicidad subliminal y la biometrĆa remota. Las empresas que infrinjan las normas serĆ”n multadas. Para algunos crĆticos, estas regulaciones son demasiado asfixiantes.
Pero otros dicen que se necesita un enfoque aĆŗn mĆ”s severo. Los gobiernos deben tratar ai como medicamentos, con un regulador dedicado, pruebas estrictas y aprobación previa antes del lanzamiento pĆŗblico. China estĆ” haciendo algo de esto, exigiendo a las empresas que registren productos de inteligencia artificial y se sometan a una revisión de seguridad antes de su lanzamiento. Pero la seguridad puede ser un motivo menor que la polĆtica: un requisito clave es que la producción de ais refleje el ‘valor central del socialismo’.
ĀæQuĆ© hacer? Es poco probable que el enfoque de toque ligero sea suficiente. Si la inteligencia artificial es una tecnologĆa tan importante como los automóviles, los aviones y los medicamentos, y hay buenas razones para creer que lo es, entonces, al igual que ellos, necesitarĆ” nuevas reglas. En consecuencia, el modelo de la ue estĆ” mĆ”s cerca de la realidad, aunque su sistema de clasificación estĆ” sobrecargado y un enfoque basado en principios serĆa mĆ”s flexible. La divulgación convincente sobre cómo se entrenan los sistemas, cómo funcionan y cómo se monitorean, y cómo requieren inspecciones, serĆa comparable a reglas similares en otras industrias.
Esto podrĆa permitir una regulación mĆ”s estricta con el tiempo, si es necesario. Entonces, un regulador dedicado puede parecer apropiado; tambiĆ©n lo pueden hacer los tratados intergubernamentales, similares a los que rigen las armas nucleares, en caso de que surjan pruebas plausibles de riesgo existencial. Para monitorear ese riesgo, los gobiernos podrĆan formar un cuerpo modelado en cern, un laboratorio de fĆsica de partĆculas, que tambiĆ©n podrĆa estudiar la seguridad y la Ć©tica de las IA, Ć”reas en las que las empresas carecen de incentivos para invertir tanto como la sociedad podrĆa desear.
Esta poderosa tecnologĆa plantea nuevos riesgos, pero tambiĆ©n ofrece oportunidades extraordinarias. Equilibrar los dos significa caminar con cuidado. Un enfoque medido hoy puede proporcionar las bases sobre las cuales se pueden agregar mĆ”s reglas en el futuro. Pero el momento de comenzar a construir esos cimientos es ahora.
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