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miércoles, abril 24, 2024
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Por qué Europa y América Latina se necesitan mutuamente

En un mundo de gigantes, la UE y Mercosur juntos representan solo el 10 % de la población mundial y el 20 % del PIB mundial. Si alguno quiere ejercer una influencia global, necesita al otro, lo que hace que el acuerdo comercial UE-Mercosur sea un imperativo estratégico.

BRUSELAS – En el mundo multipolar más peligroso e impredecible en el que vivimos ahora, las relaciones comerciales siguen siendo de vital importancia. Pero no pueden separarse de la geopolítica. Muchos europeos creyeron durante mucho tiempo que podrían serlo, pero la guerra de agresión de Rusia contra Ucrania ha puesto de relieve los riesgos que plantea la dependencia de la Unión Europea del gas ruso y nos ha demostrado que este enfoque ya no es sostenible.

Si la UE quiere ser reconocida como un verdadero actor geopolítico, no bastará con fortalecer nuestra unidad interna. También debemos recalibrar nuestra brújula estratégica, utilizando nuestros instrumentos políticos y económicos de manera más coherente e identificando no solo los riesgos sino también las oportunidades con mayor eficacia. Por eso he defendido desde el inicio de mi mandato que Europa debe profundizar sus vínculos con los países de América Latina y el Caribe.

Para dar el salto cualitativo que necesitamos, tendremos que fortalecer el diálogo político al más alto nivel. Pero para asegurar que nuestros esfuerzos sean creíbles, también debemos completar la modernización de los acuerdos de asociación existentes con México y Chile, firmar el acuerdo negociado posterior a Cotonú con la comunidad de África, el Caribe y el Pacífico, ratificar el acuerdo de asociación con los países centroamericanos, y finalizar el acuerdo UE-Mercosur.

Si bien el comercio juega un papel importante en todos estos acuerdos, ninguno puede verse como un simple acuerdo comercial. El más complejo de estos acuerdos es el del Mercosur, que venimos negociando desde hace más de dos décadas. El tango dirá que 20 años no es nada, pero en este caso es demasiado.

En una visita a América del Sur el mes pasado, tuve la oportunidad de reunirme con líderes de Argentina, Paraguay y Uruguay, que actualmente ocupa la presidencia rotatoria del Mercosur. Más recientemente, felicité al presidente electo de Brasil, Luiz Inácio Lula da Silva, por su elección. En todas estas conversaciones, el acuerdo UE-Mercosur estuvo en primer plano. Traté de transmitir a estos líderes que la voluntad política para finalizar este acuerdo de beneficio mutuo está muy viva.

Es cierto que la palabra “estratégico” se usa en exceso. Pero, en el caso del acuerdo UE-Mercosur, no podría ser más acertado. Si bien algunos se opondrían, invocando la existencia de intereses en conflicto, existen argumentos convincentes para finalizar este acuerdo.

Para empezar, el acuerdo UE-Mercosur es mucho más que un acuerdo comercial. Es un instrumento profundamente político que, al promover el diálogo y la cooperación, sellaría una alianza estratégica entre dos regiones que se encuentran entre las más alineadas del mundo en términos de intereses y valores, compartiendo una visión similar del tipo de sociedades que queremos.

Además, a ambos lados del Atlántico, tenemos la intención de fortalecer nuestra autonomía estratégica y mejorar nuestra resiliencia económica mediante la reducción de las dependencias excesivas. Pero autonomía no significa aislamiento. Más bien, significa diversificar las cadenas de valor, lo que a su vez requiere la cooperación con socios económicos y políticos confiables.

Al reunir a dos de los bloques comerciales más grandes del mundo, con una población combinada de más de 700 millones, el acuerdo UE-Mercosur sería el acuerdo comercial más grande que la UE haya concluido jamás. También sería el primer acuerdo comercial integral de Mercosur, reforzando la integración de la agrupación.

Las reglas comunes abrirían puertas entre nuestros grandes mercados y generarían oportunidades reales para las empresas de ambos lados, apoyando la creación de empleos de alta calidad en Europa y América Latina. Reconociendo la asimetría económica entre nuestros mercados, el acuerdo especifica que el comercio se liberalizaría progresivamente, dando así tiempo a los sectores relevantes para modernizarse y volverse competitivos.

Los países del Mercosur quieren exportar más a Europa, pero también quieren evitar ser reducidos a exportadores de recursos extractivos. Tienen la intención de desarrollar su capacidad productiva y de exportación, agregando valor a los recursos naturales a través de la innovación y la tecnología, mientras se adhieren a estrictos estándares sociales y ambientales.

Un tercer argumento a favor del acuerdo UE-Mercosur radica en su potencial para avanzar en la acción climática y la protección del medio ambiente. De hecho, el acuerdo político alcanzado por la UE y Mercosur en 2019 fue uno de los primeros de su tipo en incluir una referencia al acuerdo climático de París. En Europa, sin embargo, existen dudas sobre el alcance de este compromiso, especialmente en vista de la aceleración de la deforestación en la Amazonía en los últimos años. Algunos en Europa argumentan que la legislación autónoma de la UE sería la única forma creíble de avanzar. Pero no podemos aislarnos y cambiar el mundo al mismo tiempo. Nuestro marco regulatorio debe ir acompañado de más diálogo y cooperación internacional, enfocados en aclarar compromisos compartidos y construir cadenas de valor más sostenibles.

Lula ha dejado en claro su deseo de defender la democracia de Brasil, sanar las heridas de su sociedad, promover la causa de la justicia social e impulsar la economía mientras aborda el cambio climático y la deforestación en la Amazonía. El acuerdo con la UE apoyaría este esfuerzo al permitir el intercambio de conocimientos, mejorar los estándares y fortalecer la protección ambiental y los modos de producción sostenibles. La parte europea propondrá un instrumento adicional que especifique nuestros compromisos compartidos con la sostenibilidad ambiental.

Finalmente, el acuerdo UE-Mercosur no es un final, sino un comienzo. Marca el inicio de un camino compartido y crea el marco institucional necesario para facilitar la cooperación en una amplia gama de áreas de interés mutuo, desde la protección de los derechos humanos y el desarrollo sostenible hasta la regulación de la economía digital y la lucha contra el crimen organizado. Este acuerdo profundizará las relaciones no solo entre gobiernos e instituciones, sino también entre parlamentarios, sociedad civil, empresarios, estudiantes, universidades, científicos y creadores.

Es hora de abandonar las tácticas a corto plazo. En un mundo de gigantes, la UE y Mercosur juntos representan solo el 10 % de la población mundial y el 20 % del PIB mundial. Si Europa y Mercosur quieren ser influyentes, el acuerdo comercial UE-Mercosur es, por tanto, un imperativo estratégico. La presidencia del Mercosur de Brasil y la presidencia de la UE de España, a partir del segundo semestre de 2023, ofrecen una oportunidad ideal para generar el impulso que necesita la relación UE-Mercosur.

FUENTE: https://www.project-syndicate.org/commentary/eu-mercosur-must-complete-trade-agreement-negotiations-by-josep-borrell-2022-11?utm_source=Project+Syndicate+Newsletter&utm_campaign=414efefcef-sunday_newsletter_12_04_2022&utm_medium=email&utm_term=0_73bad5b7d8-414efefcef-107291189&mc_cid=414efefcef&mc_eid=b85d0eef78

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